jueves, 14 de junio de 2018

Mirarse al espejo


Por: Laura Quiceno

Hay una mujer que ven los demás y otra que se mira al espejo en las noches.

El espejo es un artificio milenario, la posibilidad de un mundo invertido con cada mirada.

No hay momento más íntimo que llorar frente a él. Ver los rasgos afectados por el dolor.

Ilumina la sombra, devela lo opaco y lo resplandeciente.

Muchos lo usaban en la infancia para “caminar” por el techo de su casa y evadirse del mundo y en las historias de las abuelas cuando alguien moría había que taparlos para que el alma del que había decidido partir no se quedara atrapada.

Tal vez los espejos se hicieron para recordar las sensaciones en la piel o para engañarnos y nunca confirmar el paso del tiempo. Para huir con cada mirada rutinaria.

Me veo diferente en el espejo de mi casa a la imagen que veo en los grandes ventanales de las calles. Nunca soy la misma y con el paso del tiempo mis rasgos se van acentuando y con cada facción marcada hay una herida, una memoria en la piel.

En el espejo, las mujeres se confrontan con la mujer profunda, con su yo antiquísimo. No pueden ocultar sus temores mientras se maquillan.

Ahí siguen, mi pelo enredado, los pómulos prominentes y la piel pálida.

Instagram: Laura Quiceno Soto.

Foto: Juan Cristóbal Cobo